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Trepang, el manjar olvidado del Pacífico que probé en Filipinas

En Filipinas descubrí un alimento que durante mucho tiempo había pasado desapercibido en mis viajes: el trepang, conocido también como pepino de mar o holoturia. Su aspecto humilde contrasta con el valor que ha tenido durante siglos en las cocinas costeras de Asia, donde se aprecia por su textura, su capacidad para absorber sabores y su relación con la gastronomía festiva. Onblueundercanvas.com.

La experiencia comenzó como una curiosidad culinaria y terminó convirtiéndose en una historia sobre el mar, las comunidades pesqueras y las rutas comerciales del Pacífico. Entre mercados, pequeños restaurantes y conversaciones con habitantes de la costa, entendí que este producto es mucho más que un ingrediente exótico. También es memoria, sustento y un recurso que necesita una gestión cuidadosa.

Un encuentro inesperado en la costa filipina

Probé el trepang durante una estancia en una zona costera de Filipinas, lejos de los circuitos gastronómicos más conocidos. El plato llegó servido en una salsa oscura, acompañado de arroz y verduras salteadas. A primera vista, los trozos parecían setas muy gruesas o tiras de gelatina, con una superficie brillante y una forma irregular.

La persona que me lo ofreció explicó que en el archipiélago se consume de distintas maneras, aunque buena parte de la producción se destina a la venta seca. El producto puede recibir nombres locales diferentes según la isla y la comunidad, algo habitual en un país con cientos de lenguas, tradiciones culinarias y ecosistemas marinos.

Para moverme entre pueblos y calas durante aquel viaje tuve que organizar bien los desplazamientos. A quienes planeen una ruta por varias islas les puede resultar útil consultar esta guía sobre el permiso internacional de conducir, especialmente si piensan alquilar un vehículo en zonas menos conectadas.

Qué es exactamente el trepang

El trepang es el nombre comercial que se utiliza en buena parte de Asia para el pepino de mar, un animal marino de cuerpo blando que vive sobre fondos arenosos o rocosos. Pertenece al grupo de los equinodermos, al igual que las estrellas y los erizos de mar. No es una planta ni un tipo de alga, aunque su forma y sus movimientos lentos puedan confundir a quien lo ve por primera vez.

Después de capturarlo, suele limpiarse, hervirse y secarse. Ese proceso reduce su volumen y produce una pieza dura, arrugada y de color oscuro. Para cocinarlo hay que rehidratarlo durante horas o incluso varios días, cambiando el agua y retirando las partes menos agradables de su interior.

El resultado es un ingrediente de textura esponjosa y ligeramente gelatinosa. Su sabor propio es suave, con un marcado recuerdo marino, por lo que funciona como una especie de lienzo gastronómico. Absorbe con facilidad los jugos del guiso, el ajo, el jengibre, la salsa de soja o los caldos de pescado.

Una textura que divide opiniones

La primera impresión al masticarlo fue desconcertante. No tiene la firmeza de un calamar ni la delicadeza de una vieira. Tampoco se deshace como un pescado cocido. Ofrece una resistencia elástica, seguida de una sensación suave y húmeda que puede resultar extraña para quien no está acostumbrado a los productos gelatinosos.

En mi plato, el trepang había sido cocinado lentamente con caldo, cebolla, jengibre y especias. La salsa era mucho más expresiva que el propio animal, pero esa es precisamente una de sus virtudes culinarias. Cada bocado reunía los aromas del fondo y dejaba una impresión limpia, salina y muy particular.

La preparación es decisiva. Un pepino de mar mal rehidratado puede quedar correoso, con un sabor demasiado intenso o una textura poco agradable. Bien tratado, se convierte en un ingrediente delicado que aporta volumen y una sensación casi sedosa a sopas, estofados y platos de celebración.

Del fondo marino a la mesa

La cadena de preparación explica parte del precio que alcanza el pepino de mar en algunos mercados asiáticos. La limpieza requiere tiempo, el secado concentra el producto y la rehidratación demanda paciencia. En las casas filipinas donde se conserva esta tradición, el proceso se integra en recetas familiares transmitidas entre generaciones.

Suele combinarse con mariscos, setas, verduras tiernas o caldos espesos. En algunas elaboraciones se rellena, mientras que en otras se corta en piezas grandes para que absorba lentamente el sabor de la salsa. El arroz es un acompañamiento natural porque ayuda a equilibrar la intensidad del guiso y convierte el plato en una comida completa.

Su reputación como alimento de lujo también está relacionada con la cocina china, donde ciertas variedades secas se reservan para banquetes y celebraciones. Allí se valora la calidad de la carne rehidratada, el grosor de la pared y la limpieza del producto. En Filipinas, en cambio, pude percibir una relación más cercana con la vida cotidiana de las comunidades costeras.

Un ingrediente unido a la salud del océano

El pepino de mar cumple una función importante en los fondos marinos. Al alimentarse de materia orgánica y sedimentos, contribuye a reciclar nutrientes y a mantener en mejores condiciones el entorno donde viven otros organismos. Su presencia forma parte del equilibrio de arrecifes, praderas marinas y zonas arenosas.

Esa importancia ecológica convive con una fuerte demanda comercial. La sobrepesca, la captura de ejemplares pequeños y la desaparición de hábitats pueden reducir las poblaciones con rapidez. Por eso no basta con presentar el trepang como una rareza gastronómica: también hay que preguntarse de dónde procede y bajo qué condiciones ha sido capturado.

Durante el viaje intenté acercarme al producto con la misma atención que dedico a los paisajes. Una comparación interesante surgió al recordar otros alimentos vinculados a territorios concretos, como los que aparecen en esta selección de rincones de la Toscana: en ambos casos, la cocina cuenta una historia de geografía, trabajo y costumbres locales.

Cómo acercarse a esta tradición

Probar trepang exige cierta disposición a salir de los sabores conocidos. No recomendaría empezar por una preparación muy intensa, sino por un caldo suave o un guiso donde se pueda apreciar su textura sin que quede completamente oculto por las especias. También conviene preguntar por el origen y la forma de conservación.

Presentación Preparación habitual Textura Mejor para
Fresco Limpieza y cocción directa Tierna y firme Guisos sencillos
Seco Rehidratación prolongada y cocción lenta Esponjosa y elástica Caldos y banquetes
Rehidratado Lavado, hervido y sazonado Suave, gelatinosa Platos con salsa
En conserva Cocción previa y envasado Más uniforme Una primera degustación

También merece la pena observar cómo se ofrece en el mercado, quién lo prepara y qué otros ingredientes lo acompañan. La experiencia gastronómica gana profundidad cuando se entiende el trabajo que existe detrás de cada ración. Para propuestas de colaboración, relatos de viaje o proyectos fotográficos relacionados con estas culturas del mar, puede consultarse el contacto del proyecto.

Al regresar, busqué imágenes que me ayudaran a recordar aquel encuentro desde otra perspectiva. La fotografía submarina y los paisajes costeros permiten comprender el hábitat del animal antes de verlo transformado en alimento; esta galería del lago Gwaldam, aunque dedicada a otro paisaje, transmite bien el valor de mirar los entornos con calma y atención.

El trepang dejó de parecerme un ingrediente extraño y pasó a representar una relación antigua entre el océano y la mesa. Su sabor es discreto, pero la historia que lo acompaña resulta intensa: pesca, comercio, celebraciones, conocimientos locales y la necesidad urgente de conservar los ecosistemas que lo hacen posible.

Quien viaje por Filipinas y encuentre este manjar en un mercado o restaurante puede acercarse a él con curiosidad y respeto. Probarlo lentamente, preguntar por su procedencia y compartir la experiencia ayuda a mantener vivas las tradiciones culinarias sin olvidar que cada plato comienza mucho antes de llegar a la mesa.